Sabor a muerte

El vientre de la noche

reposa ecuánime entre los ojos

deliberados de mis desgracias,

insistiendo en nacer en cada suspiro.

 

Se hace hiel la oscuridad

gimiendo como un niño de pecho

sin madre, ni padre, ni hermanos

que la recuerden cariñosamente.

 

Me nombra la luz que no poseo;

me dedica un poema de amor,

aunque la odie más de lo que odié

jamás a nadie. Me persigue. La apago.

 

Y sigo sin ser la sombra blanquecina

del ataud de seda que luciré en mi entierro.

Y sigo siendo yo, yo y mi sombra

 repletos de tantas  oscuridades.

 

Resisto los golpes y hasta me impulsa

esa mirada suya tan pretenciosa y trágica,

diluyéndose en la última copa que beberemos

a su salud y a la mía.

 

Nunca eligiré mi propio destino

porque solo la muerte lo elige.

Y siempre tuvo  buen gusto, la malparida.

 

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Publicado por Tin

La poesía no es una opción es un vicio.

10 comentarios sobre “Sabor a muerte

  1. Es un poema muy difícil de sentir. Diferente, pero sincero. A veces parece que te acostumbras tanto a las desgracias, que pareces odiar La Luz. La muerte se convierte en esa amiga que siempre va robándote lo mejor. Es como si lo hiciera adrede. Buen gusto tiene la parca…decía un poeta amigo. Justo poco después, murió. A él se lo dedico.

    Siempre es un placer tenerte cerca, Francisco. Eres un hombre con sentimientos de oro, compañero.

    Le gusta a 1 persona

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