Desde mi propia muerte

Hay una estrecha línea, delicada diminuta,que separa mi herida de tu herida.Es como la dulzura saladade la prostituta,que sigue arrastrándome por la vida.Una luz encarnadaque cambia, que muta;una luz tan amarga como mal parida.Un todo de la nadaque hasta a los dioses disputaen esa voluntad de su caída.Hay un extraño olor a querertedesde mi propiaSigue leyendo “Desde mi propia muerte”