De mis últimas voluntades

Quiero volver a andar sobre las aguas,

creer en ti aunque no lo merezcas.

Quiero empezar a ser toda esta tierra

que se enciende en tus manos si la palpas.

 

Quiero entender tus ojos cuando callan

y caminar tus miedos, si me dejas.

Nacer sobre tu vientre cuando muera

para vivir en ti mientras me abrazas.

 

Quiero esperar despierto esa caricia

que solo sabe amar entre tus sueños.

Y desnudarme  quiero y convencerte.

 

Quiero olvidar lo que nunca se olvida

y ser por un instante en tus deseos

todo lo que me pidas. Lo que esperes.

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De lo que sé, y lo que miento

Sé que la vida es eso que me ocurre

cada día que pasa, a cada instante;

eso que se evapora como el aire

y que se va deprisa, que se funde.

 

Sé que duele la muerte cuando fluye

desde el mismo momento en el que naces;

Y que no hay vida y muerte que se salve

porque todo se crea y se destruye.

 

Sé que esta vida mía ya no es mía

y que ya solo soy lo que parezco,

aunque tú ni siquiera te des cuenta.

 

Y sé que ya no pasa un solo día

en el que piense que no te merezco.

Otra cosa distinta es que te mienta.

 

Cuando las noches lloran lo que lloro

Me he vuelto del color de la tristeza

y a su piel llevo atado tanto tiempo

que solo vivo de ella y solo siento

la parte más oscura de su pena.

 

Me he vuelto del olor de la tristeza

y huelo a este dolor y a este lamento

que solo vive en mí y que solo espero

me lleve hasta el olvido que me quiera.

 

Me he vuelto del sabor de la tristeza

y es triste lo que siento y lo que hago,

y triste es lo que dejo y lo que toco.

 

Me he vuelto de la voz de la tristeza,

y he vuelto a ser lo mucho que me callo

cuando las noches lloran lo que lloro.

De pequeñas inquietudes y otras cosas.

Me mudo cada vez más,

desde el primer suspiro al último

y desde todas las esquinas que me quedan.

 

Parto de mí y de todo en silencio,

con la voz hecha pedazos y un muro

de desarraigos en los ojos del olvido.

 

Dejo de existir por completo y callo

como lo hago siempre,

sin un solo reproche entre las manos

y todo el dolor que puedo consumir

en el último trago de vida que me queda.

 

Me despido del tiempo que me sobra

y de la próxima orilla a la que vuelvan

las postreras olas de mis atardeceres.

Será porque te quiere

Lucho conmigo mismo y me desvelo

por este corazón alborotado.

Lo aparto de tu lado

y vuelvo a ser mi propio desconsuelo.

 

Esclavo de tu pelo,

de tu piel, de tus ojos, desbocado,

recaigo como un sueño abandonado

que busca recordarte. Y me rebelo.

 

Sabrá mi corazón que sigo deseándote

y que todo lo tuyo me enamora

y hace que mi pulso se acelere.

 

Acostumbrado a ti, no late, llora

y continúa, y continua amándote.

Será porque te quiere.

De mi maldición

He sido la razón de cada excusa

que busco y necesito, que deseo.

Y sigo odiando todo lo que veo,

y lo que soy cuando mi voz me acusa.

 

Me he convertido en lo que el miedo usa

para alargar la sombra de lo ateo,

y puedo ser lo mismo en lo que creo

convertido en la duda más confusa.

 

Bien sabe Dios que nada me consuela

y nada puede hacer que me perdone

lo mucho que he querido perdonarme.

 

Y todo lo que vivo, aunque me duela

y lo que he de olvidar cuando abandone

ha de volver a tiempo. Y condenarme.

Toda mi vida para quererte

Recíbeme en tus ojos

que llego palpitando como un adolescente,

y obra ese milagro que escribe en tu mirada

todo lo que desees.

 

Oblígame a quedarme

que no quiero perderte.

Oblígame y enciérrame en tu boca

con esos besos que todo lo pueden.

 

Calla mi nombre o grítalo en silencio.

Decide de una vez, aunque no sepas

cómo volver a mí sin que te espere.

 

Hazlo, no tengas miedo,

que guardo para ti mi vida entera

para poder quererte.

 

De nuestras cenizas

Llega la tarde espesa y su final

rompe con los espasmos de la vida.

Vuelve la noche a prisa, oscurecida

y vuelvo a ser de trozos de cristal.

 

Me rompo entre tu carne malherida

y dueles. Sí, me duelo y me da igual.

Ya nada queda y nada es especial

y somos ese instante que se olvida.

 

Todo parece condolerse y nada

puede iniciar lo que sin tiempo muere

y casi sin saberlo finaliza.

 

Y te me vas perdiendo en la mirada

como quien sin quererlo solo quiere

del árbol el dolor de su ceniza.

Porqué nacemos y porqué nos morimos.

Soy de la muerte el hueco más profundo

y la parte que espera y desespera.

Y de la vida soy lo que ella quiera,

porque aprendí a vivir por este mundo.

 

Cuánto cuesta morirse y cómo duele

la vida, y cómo llora desde dentro.

Y hasta lo que no duele, hasta su centro

no hay muerte que no llegue o no consuele.

 

Corremos todos esa misma suerte

de ser tan solo lo que padecemos

cuando el tiempo se olvida que existimos.

 

Y somos de la vida y de la muerte

la duda de saber porqué nacemos

y porqué nos morimos.

 

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