Para hacer un poema ( dedicado a Alejandro Jodorovsky)

Nadie se ha destruido a sí mismo para hacer un poema. Nadie”    Alejandro Jodorovsky

 

Me pides que me vuele la tapa de los sesos,

que rompa con la vida que no viviré nunca.

Me pides que suicide las letras de mi nombre

para hacer con tus letras la voz de este poema.

 

Me suplicas que inicie la muerte por tu causa

y que camine solo desde tus soledades,

que hunda mis temores y acuchille mis sombras,

que me niegue y renuncie por ti a lo que dueles.

 

Y puedo destruirme para iniciarte loco

y enmudecer a tiempo como enmudece el mundo

renegando de todo lo que tanto he querido.

 

Y me olvido del hombre consagrado en tus manos

para morirme a solas y a solas poder irme

sin que me entierre el tiempo y nada me despida.

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De lo que sabemos

Puedo querer como te estoy queriendo

y puedo amarte como nunca amé.

Lo sabes porque yo también lo sé,

soy eso que hasta ahora sigo siendo.

 

Todo lo doy por ti, por lo que siento,

por ti si he de morir, me moriré.

Para ti vivo y por ti viviré,

sabes que no te miento.

 

Nada podrá vencer eso que puebla

la piel de mi desdicha y  que quisiera

explicarte mejor.

 

Nada aparta de mí la oscura niebla

de querer como quiero. Y si pudiera…

Ya lo sabes, amor.

Del hambre de tu sed

No llego a ti. Te vas

y aprendo a atarme al miedo de perderte.

Vuelvo a tu boca y siento que quererte,

quererte es mucho más.

 

Y miro atrás,

perdido en el pecado de saberte.

Y es que solo por verte,

de qué no soy capaz.

 

Soy de mí mismo mi contradicción,

esa estrechez que puede devorarme

y que me estampa contra la pared.

 

Y me dejo llevar por la emoción

de beber de tus labios y empaparme

del hambre de tu sed.

La caricia que guardo.

Tú, que me das la vida y que conoces

el tiempo que se mece por los hombros.

Tú, que fuiste capaz de amar a otros

y compartir el cielo con los hombres.

 

Tú que llegaste a mí sin un reproche

y que siempre me miras a los ojos,

que pueblas mis virtudes y a tu modo

transgredes el candor de mis pasiones.

 

Tú que mueves los hilos de mis manos

y me vuelves el loco que parezco

aunque sepa que nunca serás mía.

 

Por esta vez acércate a mis labios,

que en ellos guardo para ti un beso

tan dulce que parece una caricia.

No dejo de callarme

Me callo tantas cosas

para no herir a nadie:

El amor que no existe

el odio, que me parte.

 La duda del susurro

que susurrando nace.

El tiempo que he perdido

por esperarte.

 

Me callo tantos versos,

el verso de las lágrimas

que poco a poco caen,

la súplica de conservar tus ojos

aunque no sepa amarte.

  

Me callo tanta risa que podría

reírme hasta llorarme,

y podría partir en dos el beso

que no quiso besarte.

 

Me callo tanto que ya solo quiero

no dejar de callarme.

 

 

De lo oscuro al blanco.

 

Qué es lo que me sucede. Si te miro

se me inflaman las ganas de morirme.

Dime tú, si lo sabes, qué me ocurre,

por qué no puedo apenas entenderte.

 

Te apoderas de mí cada momento

que paso sin saber qué es lo que piensas

y quisiera olvidarte y olvidarme

de este dolor intenso que provocas.

 

No puedo con el nudo que me asfixia

y con el alma en vilo sigo y busco

volver a mí para volver. Despacio

 

he de matar el hambre que pulula

en mi interior y que hará que implore

borrarte como se me borra todo.

Del remordi-miento

Perdido en el vaivén de la conciencia

me busco entre la voz de mi lamento

y soy la propia vida que presiento

desde mi corazón hasta mi ausencia.

 

Hecho de la mentira y la insistencia

– fugaz y  estéril como lo que siento –

vuelvo a la duda y al remordimiento

para seguir llorando mi existencia.

 

Me sufro tanto y sufro de tal modo

que a la vez puedo odiarme y destruirme,

destruirme y odiarme por entero.

 

Y sigo siendo del vacío, todo

lo que sabe a vacío y desespero.

Y hasta mi culpa voy para rendirme.

Me conformo con poco.

No necesito nada, imaginarte

es suficiente y solo si presiento

los años de tus ojos me convenzo

de lo poquísimo que el tiempo vale.

 

Me conformo con poco, ya lo sabes

y una palabra tuya puede hacerlo,

puede lamer mi piel como yo puedo

iniciar mis caricias en tu carne.

 

Puedo tocarla sin tocarte apenas,

volver a amarte tanto como quieras

y volver a enredarme entre tus brazos.

 

No necesito nada porque lo hago

con la mística inmunda de las manos

que inician el agraz de las tormentas.

No lo consigo.

Perdido en el pasado sigo, intento

esa verdad que miente y que quisiera.

Olvidado en la fe de mi quimera

tan solo me convenzo, hasta me miento.

 

Puedo arrancar la voz de mi lamento,

derrotar al bullicio de la espera.

Puedo volver a ser por ti cualquiera

y atormentarte como me atormento.

 

Puedo escarbar en mí y convencerme

de que todo es posible, de que nada

vale la pena si no estás conmigo.

 

Puedo encontrarme y a la vez perderme

en esa larga luz de tu mirada.

Podría, pero nunca lo consigo.

Por ti me fundo.

Pude encontrar la Luna en tu regazo

la noche más oscura de mi vida

y esconderme en tu estrella preferida

poco a poco, pedazo a pedazo.

 

Puedo alcanzar el cielo de tu brazo

y darte por quererte lo que pidas.

Y decidir lo mismo que decidas

y rechazar  lo mucho que rechazo.

 

Puedo apelar a Dios ahora mismo

y suplicarle un mundo diferente

para ti y para mí. Un nuevo mundo.

 

Puedo bajar contigo hasta al abismo

porque contigo hasta el abismo miente.

Y si me he de fundir, por ti me fundo.