Mi verdadera voz

Entre las horas sigo descifrando

la voz del tiempo que hasta el tiempo crece.

La voz que busco y que desaparece

y que me sigue, y que me está matando.

 

La pierdo entre las voces y parece

que nada la derrumba y va buscando

la forma de gritar, porque gritando

se esparce, muta, hasta rejuvenece.

 

Es esa voz perfecta que me acusa

de ser lo que no soy , aunque quisiera

que dejara de hablarme y convencerme.

 

La voz que es mía y que no tiene excusa

y que destroza al hombre que en silencio espera

la verdadera voz que ha de creerme.  

Marcha atrás

Me retrocedo a tiempo, me deshago

del hombre en el que desde siempre habito.

Me busco para ser del infinito,

aunque por ser y por no ser me apago.

 

Llego hasta mí y me voy, por eso indago

en lo que fui y en lo que soy: Maldito.

Y maldito mil veces y maldito

por pagar con mi llanto cuanto pago.

 

Voy y vengo y persigo esta vida

que algún día fue vida, buena vida

y muerte, mala muerte tantas veces.

 

Y sigo y continuo: Un mes, dos meses

y mes tras mes, hasta todos los meses,*

sin que nadie me pare o me lo impida.

Para el arrepentimiento

Arrodillado busco descubrirme

desde el profundo hueco en el que vivo.

Miro hacia arriba, lloro, me derrumbo

y puedo encadenarme como nunca.

 

Te sufro desde el hombre que no espera

llegar hasta el abismo de tus ojos.

Me rompo entre tu olvido y mi esperanza

de convencerte y de inmolar tu boca.

 

Ayer supe que nada en esta vida

conseguirá que abrace como antes,

que nada volverá a ser perfecto.

 

Hoy  he sabido a qué sabe el barro

desdibujado de mi propia muerte:

Me sabe a ti, a ti y a tus razones.

Hoy he vuelto a sonreir

He vuelto a sonreír, he comenzado

a ser eso que soy cuando me quiero.

Me inicio y me agiganto a cada lado

para poder seguir, que es lo que espero.

 

Solo intento vivirme,  ya no muero

aunque morí y morí;  y he acabado

por desaparecer del todo. Pero

he vuelto, sé que he vuelto, he regresado.

 

Se lo que soy  y sé que nunca he sido

lo que he querido ser cuando te amé.

Y también sé que no aprendo a morir.

 

Y sé que estoy de pie porque he caído.

Y sé por qué caí.  Hoy ya lo sé.

Por eso hoy he vuelto a sonreír.

El largo silencio de tu boca

Me despedazo el alma sutilmente

y sigo hasta olvidarte.

Me cubro con la duda del cobarde

y de la duda soy hasta la muerte.

 

Me rompo de dolor como el que miente

sobre el dolor que entre el dolor se esparce.

Tengo la voz cansada de contarte

y las manos sangrando de perderte.

 

He nacido, tal vez, eso quisiera

huyendo de ese miedo a callar y a rendirme,

huyendo de ese sueño que siento y que me ahoga.

 

Y seguiré esperándote como el que siempre espera

para poder vivir como quiero vivirte,

sobre el largo silencio que nace de tu boca.

 

 

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