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Tú serás la voz que me recuerde

Ya no me duele nada, ya no siento

tu profunda desgana, ni tu rabia.

Todo parece derrotar al miedo,

y al hambre, y a la oscuridad y al agua.

 

 

Me vuelvo del color de la tormenta

que rompe en los temblores de las alas,

y canto por la libertad que vuela

como vuelan los árboles del alma.

 

 

Terminará mi nombre entre tus dedos

como se acaba el cielo,

rendido y derrotado dulcemente.

 

Y seré el que se eleve

en el llanto olvidado de un recuerdo.

Y tú serás la voz que me recuerde.

No soy el mismo sin ti

He provocado el parto de tu risa

y de tu risa nace mi alegría,

porque en tus ojos vivo todo el día

como quien sueña y vive a toda prisa.

Me creces como crecen los amores

en las frágiles manos de un poema

y todo lo que toco en ti me quema,

como queman los sueños de las flores.

Desde que te conozco ya no puedo

mirar como miraba a otra mujeres,

perdido en una especie de egoísmo.

Y sin ti no soy nada y nada eres

porque sin ti apenas me sucedo

Y sin ti ni siquiera soy el mismo.

De lo que se acaba

Desmigajada el alma, roto el cielo,

atado al desfavor del miserable

sigo como si todo  pareciera

de la verdad que existe entre mis dudas.

Hundiéndome en los gajos de un susurro

que parece creerme, aunque busque

la razón de esperar o de olvidarnos,

como la tierra olvida nuestras voces.

Partido en dos y en dos descaecido

como un desierto solo hasta  la muerte,

me busco entre el dolor y los recuerdos.

Y como si mis manos me insultaran

persigo lo que fui cuando me hallo

sin fuerzas ni siquiera para odiarme.

Nada puede morir como me muero

Nada puede morir como me muero,

despacio, tan despacio que no existo.

Y puedo ser aquello en lo que insisto

y lo que espero.

Soy lo que soy y lo que nadie ha visto,

y lo que busco y hallo, y lo que siento.

Y lo que soy solo podrá pararlo

la voz del viento.

La tarde se oscurece tan de prisa

en el músculo antiguo del desprecio,

tan lejos de mis alas, tan a solas.

Y entre la triste tarde de la brisa

sobre el eterno sueño de las olas

seré, al fin, espíritu y silencio.

Cuando quiero amarte

Que absurdo es creer en uno mismo;

de tan absurdo casi no lo entiendo.

Será que somos todo el ostracismo

que sentiremos, que nos va mintiendo.

Qué poco, y a la vez que diminutos

en un mundo de mundos abis-males.

Unas horas, quizás unos minutos

de tristeza y dolor en los cristales.

Me descifro y me enredo tan seguido

que no puedo morirme sin vivirme,

ni puedo continuar sin olvidarte.

Que absurdo es llegar si no te has ido

o pensar en volver para sentirme

como me siento cuando quiero amarte.

De lo que te deseo

Apuesto por tus ojos y decido

vivir sin ellos y morir por ellos,

porque tus ojos son mi muerte entera

y porque son la causa de mi vida.

Apuesto por amarte y por amarte

he vuelto hasta tu nombre con tu nombre.

Me la juego por ti, para quererte

y para convertirte en lo que anhelo.

Todo para poder estar tan cerca

y tan lejos de ti, aunque he intentado

que fuese de otro modo.

Nada podrá cambiar eso que duele

y que me duele tanto que me ahoga.

Todo mientras te apartas y me olvidas.

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