Enmadreciendo


 

Eres ese recuerdo que me duele

en las noches más frías y más largas.

Tus ojos son la caja donde guardas

el infinito del amor que extiendes.

 

Es tu sonrisa esa caricia blanca

que redondea el agua y que me envuelve,

y esparce el tiempo que nos sobra y crece

en las horas más tristes de mi alma.

 

Tu caminar se aprende en los altares

del azul más amable de los cielos,

y es tu cabello el himno de la nieve.

 

Vuelan los versos para amarte, madre

y soy de ti y entre tus sueños duermo.

Y eres por mí. Y entre mis brazos duermes.

 

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Del vencedor y el vencido


Desde el murmullo eterno de mis labios

puedo adentrarme al mar de tus caderas,

y entre mis versos sueño que te acercas

y te apareces toda entre mis brazos.

 

Te veo en mí y en tu palabra hallo

de la quietud y del amor sus huellas.

Me miro en ti hasta cuando te alejas

y vuelvo a ser lo mucho que te extraño.

 

Desde el tiempo que pasa y que nos falta

puedo sentir que se me va la vida

porque no hay forma de olvidarte. Y puedo

con todo si tú quieres, si me amas.

Y puedo con mis lágrimas si veo tu sonrisa.

Y pueden mis caricias derrotar a tus besos.

 

Alumbramiento


 

Abre la luz, entierra tus abismos,

alumbra la hojarasca de tus miedos

y siente como brotan por mis dedos

las tímidas caricias de los niños.

 

Abre la luz, que no nos queda tiempo

y no podemos ser lo que no fuimos.

Que apenas puedo verte y no consigo

hallarte entre la noche de mis sueños.

 

Abre de par en par tu luz, que necesito

volver a ti para poder quedarme,

para seguir de pie cada mañana.

 

Abre la luz que sin tu claridad no vivo

y sin ella ni existo ni soy nada.

Abre la luz y déjame alumbrarte.

De mis suspicacias


No me asusta

la profundidad de la vida,

ni su altura.

Solo le temo

a la pequeñez exagerada

del hombre.


Entrealtibajos

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Que sí,
que me estoy perdiendo,
que de dos segundos
te pienso cuatro.

©Flora Rodríguez

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De mi eterna puericia


Valgo el valor exacto que pretendo 

y lo que valgo, en sí, ya no me importa,

porque el precio del hombre es otra cosa

cuando intenta vencer todos sus miedos.

 

Valgo precisamente lo que siento

y no lo que reclamo cuando a solas

busco ser eso que mi voz  implora,

o lo que a veces grita mi tormento.

 

Sé lo que valgo y sé lo que no valgo,

porque me sé del hombre que conozco

y en el que habito casi desde siempre.

 

Y hasta puedo entenderme cuando callo

como callan mis manos y mis ojos,

al desistir del niño que me entiende.

Del convencimiento


Soy un desierto hermético y vacío,

una especie de amor desangelado.

Una sed que se sacia del pecado

que siento desde dentro todo mío.

 

Soy esa espesa arena del hastío

y de la dejadez del acabado,

esa larga penumbra que a mi lado

parece congelarse por el frío.

 

La soledad más sola y olvidada

hundiéndose en los ojos del lamento.

La decepción del verso en la mirada.

 

Soy  todo lo que casi nunca cuento

y lo que duelo. Soy eso que siento

y que no vale ni valdrá de nada.

Por casualidad


Escuché su voz

por casualidad,

como por casualidad

me encontré con su sonrisa.

 

Desde entonces

todo parece distinto,

menos su voz

y su sonrisa.

De la niña más triste


Era el dolor de un verso enmudecido

soñando por amor y enamorado.

La vacuidad perfecta de las sombras,

la imperceptible huella de un milagro.

 

Era la luz cobarde de los huesos

más hondos y más húmedos del alma.

La tibieza del vientre, la amargura

que empapa los otoños de las ramas.

 

Era la incertidumbre en la caricia,

la duda que propaga por la tierra

el viejo olor de los atardeceres.

 

Era la ligereza de la vida,

la delgadez cansada de la hierba.

Era del humo espeso de la muerte. 

Ante todo te habré amado


Habré querido más de lo que he odiado

en esta vida mía en la que moro.

Habré reído más de lo que lloro

y habré sufrido mucho. Habré gozado.

 

Habré vivido en paz y habré luchado

sacrificándome por lo que adoro.

Y siempre a mi manera, o a mi modo,

habré perdido más de lo ganado.

 

Habré mentido como me han mentido

y habré fallado como me han fallado.

Me habré encendido y me habré apagado.

 

Habré dudado y hasta habré creído

como he creído cuando no he dudado.

Pero ante todo amor, te habré amado.