De las lágrimas y la soledad


 

Una tras otra caen, se desploman,

se precipitan, mueren, se me mueren.

Y duelen tanto que aún ahora duelen

cuando te lloran. Y cuánto te lloran.

 

Eran de sal amarga, amargo el tiempo

y amargos los sagrarios de tu olvido.

Tanta amargura y tanto precipicio

y tan amargo todo lo que siento.

 

Se han ido entre la rabia y los desaires

de ti y de mí. De mí ,de ti, de ambos,

cansadas de vagar por nuestros ojos.

 

Se han ido entre las alas de las aves

que volaron de amor en el pasado.

Solas se fueron  y acabamos solos.

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Te busco, te encuentro y te olvido.


Busco tu nombre grabado entre las piedras

de mis recuerdos.

Sé que aún existe y que aparece

como un fulgor hendido en cada instante

en el que te presiento.

 

Lo busco entre los espasmos larguísimos

de tus malas ausencias

y en las tardes más cortas de este mundo

y entre los recitales serenos de tus cosas,

las que quedan en mí cuanto te extingues.

 

Te busco entre mis noches

porque suplico sueños a tus desvelos

cuando el dolor se hace tan profundo

que nada  lo detiene…y me destruye.

 

Te busco entre las lágrimas de olvido

que pueblan los sollozos de mis párpados,

y me invaden los restos de tu carne

y se me rompe el peso de tus huesos

como si todo el aire que respiro

cayera sobre el hueco de tres sombras.

 

Te busco hasta alcanzarte en cada beso

que por ti deseé y por tanto tiempo

cuando volvías siempre y regresabas

y habitabas la parte que me niegas

sin importarte apenas lo que importo.

 

Te busco porque quiero aunque no quiera

y porque puedo y porque sé que puedo

buscarte y encontrarme, y convertirte

en el grito más dulce de mis labios

mientras susurras todos tus silencios.

El cortejo de la vida


 

Me verteré en tus brazos tan de prisa

que no habrá tiempo apenas de olvidarte.

Seré como el deseo de un instante

o el suspirar que crece en las cenizas.

 

Te aprenderé en la voz de las esquinas

y entre todos los perros de las calles.

Te buscaré en los versos de los bares

y entre la mala gente que nos mira.

 

En el verdor que asoma en tus pupilas

esculpiré las almas de los árboles,

y el beso más callado de las tardes

iniciará el cortejo de la vida.

El juego de la vida


Tiene razón la pena cuando arrasa

con esa vanidad hecha de incienso.

Cuando me piensa como yo la pienso

y me atraviesa y gime. Y me traspasa.

 

Tiene razón por mucho que la quiera

y aunque llore mi llanto y mi desgracia.

Tiene razón y hasta tendría gracia

si no fuera yo quien la padeciera.

 

Porque es ella y soy yo, somos nosotros

la amargura que asusta y que nos ciega,

el celo que nos hiela y nos abrasa.

 

Somos nosotros y no son los otros

con esos con los que la muerte juega

mientras la vida pasa. Y cómo pasa.

Cuando lo decida


Me voy de mí hacia un lugar oscuro

olvidado de Dios y de los hombres.

Me voy de ti para que no me nombres

como un final nacido sin futuro.

 

Me voy de ellos y me voy de todo

para seguir apenas con mi suerte…

para olvidarme un rato de la muerte…

para poder hacerlo a mi modo.

 

Me iré porque lo quiero, y quiero irme

sin nadie y casi,  por desear, sin nada

que me recuerde y llore mi partida.

 

Me voy porque he dejado de sentirme

y de sentir mi carne abandonada.

Me iré de mí cuando al fin lo decida.

Naturalmente


Prefiero amarte

como lo hacen los árboles…

susurrando caricias

desde el silencio.

 

Prefiero amarte

como lo hacen los bosques…

dibujando suspiros

en los amaneceres.

 

Prefiero amarte

como solo la naturaleza ama…

desde cualquier parte

y sin pedir permiso.

Finales


La tierra llora.

Un niño la contempla

muriendo sola.

Cincuenta vidas por segundo


Largamente me olvido en la marea

del hombre al que resisto y aparento,

y desde el hombre invoco mi lamento

y soy del hombre lo que no desea.

 

Me voy reconociendo en lo que sea

que crece en mí mientras me desaliento,

y por la mar me hundo y por el viento

me esparzo, como un cielo que clarea.

 

Desde la certidumbre me confieso,

me juzgo y me declaro hasta infringirme

todo la pena habida en este mundo.

 

Lo sé porque he crecido con el peso

de aprender a sufrir,  y de sufrirme

más de cincuenta vidas por segundo.

Del Desencanto


No tengo tiempo de acabarme

ni de empezarme.

Nací horizonte y crecí

sin final y sin principio.

 

Soy el que era

y soy el que seré.

Comienzo y me alargo

hacia cualquier parte, y me detengo

solo para seguir y no olvidarte.

 

Nunca sabrás cuándo termino

y existo porque existes, y existimos

porque hubo inicio y continúo

desde ahora hasta nunca y para siempre.

 

No tengo respuestas, ni preguntas

y puedo ser la duda que duda

por entenderme.

 

Nadie me ha visto jamás

porque a nadie le cabe tanta amargura

entre los ojos.

De esa costumbre ( Dedicada a Chimet)


 

La idea, esa idea de abrazarte

me duele y me consume, padre mío.

No puedo con el polvo de tu hastío,

 me ahoga  cuando intento recordarte.

 

Te pierdo en las entrañas de este frío

que procura a destiempo desterrarte

y me tiemblas y tiemblo al olvidarte

tan tristemente en mí, de tan vacío.

 

Vuelvo hasta ti, te busco y si pudiera

– padre –  si yo pudiera, que no puedo,

por ti me cambiaría tantas veces.

 

Para quererte como te quisiera

o más, mucho más de lo que te quiero,

hasta que yo me muera, o tú regreses.