Será porque te quiere

Lucho conmigo mismo y me desvelo

por este corazón alborotado.

Lo aparto de tu lado

y vuelvo a ser mi propio desconsuelo.

 

Esclavo de tu pelo,

de tu piel, de tus ojos, desbocado,

recaigo como un sueño abandonado

que busca recordarte. Y me rebelo.

 

Sabrá mi corazón que sigo deseándote

y que todo lo tuyo me enamora

y hace que mi pulso se acelere.

 

Acostumbrado a ti, no late, llora

y continúa, y continua amándote.

Será porque te quiere.

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De mi maldición

He sido la razón de cada excusa

que busco y necesito, que deseo.

Y sigo odiando todo lo que veo,

y lo que soy cuando mi voz me acusa.

 

Me he convertido en lo que el miedo usa

para alargar la sombra de lo ateo,

y puedo ser lo mismo en lo que creo

convertido en la duda más confusa.

 

Bien sabe Dios que nada me consuela

y nada puede hacer que me perdone

lo mucho que he querido perdonarme.

 

Y todo lo que vivo, aunque me duela

y lo que he de olvidar cuando abandone

ha de volver a tiempo. Y condenarme.

Toda mi vida para quererte

Recíbeme en tus ojos

que llego palpitando como un adolescente,

y obra ese milagro que escribe en tu mirada

todo lo que desees.

 

Oblígame a quedarme

que no quiero perderte.

Oblígame y enciérrame en tu boca

con esos besos que todo lo pueden.

 

Calla mi nombre o grítalo en silencio.

Decide de una vez, aunque no sepas

cómo volver a mí sin que te espere.

 

Hazlo, no tengas miedo,

que guardo para ti mi vida entera

para poder quererte.

 

De nuestras cenizas

Llega la tarde espesa y su final

rompe con los espasmos de la vida.

Vuelve la noche a prisa, oscurecida

y vuelvo a ser de trozos de cristal.

 

Me rompo entre tu carne malherida

y dueles. Sí, me duelo y me da igual.

Ya nada queda y nada es especial

y somos ese instante que se olvida.

 

Todo parece condolerse y nada

puede iniciar lo que sin tiempo muere

y casi sin saberlo finaliza.

 

Y te me vas perdiendo en la mirada

como quien sin quererlo solo quiere

del árbol el dolor de su ceniza.

Porqué nacemos y por qué nos morimos.

Soy de la muerte el hueco más profundo

y la parte que espera y desespera.

Y de la vida soy lo que ella quiera,

porque aprendí a vivir por este mundo.

 

Cuánto cuesta morirse y cómo duele

la vida, y cómo llora desde dentro.

Y hasta lo que no duele, hasta su centro

no hay muerte que no llegue o no consuele.

 

Corremos todos esa misma suerte

de ser tan solo lo que padecemos

cuando el tiempo se olvida que existimos.

 

Y somos de la vida y de la muerte

la duda de saber por qué nacemos

y por qué nos morimos.

 

Y todo lo que sufro me supera.

De lo que necesito – lo primero –

podría conformarme con tan poco.

Mirarte es suficiente. Me equivoco,

si sé que estás mirándome, me muero.

 

Porque cuando me miras, desespero

y si me tocas ya me vuelves loco.

Y solo con tocarte me desboco,

y solo por querer como te quiero.

 

 No se trata de mí, se trata de eso,

de lo que siento, de lo que me pasa,

aunque no sepa ni lo que me espera.

 

Pero es tanta la carga y tal el peso

que todo lo que soy me sobrepasa,

y todo lo que sufro me supera.

Hasta la muerte es otra si no existes (Cuartetos en blanco. Dedicados a Julie Sopetrán)

Será que hasta el mar parece otro

y el cielo hoy describe una mirada

de ausencia. Una voz, por decir algo,

sin ninguna certeza, solo dudas.

 

Es como si la vida no pudiera

con el peso excesivo de los días,

y hasta quisiera recordar el tiempo

que le sigue sobrando y que la ignora.

 

Como si el barro de esta tierra fuese

lo único que sufre y desde el hombre

ni el agua se atreviese a gritar

por miedo a deshacerlo y a secarse.

 

Es solo que sin ti todo es distinto

el mar, el cielo, el barro, la quietud;

la oscuridad, la luz que incendia el mundo.

Y hasta la muerte es otra si no existes.

Entre mis versos y el mar

Ya no puedo seguir aunque lo intento

y sigo sin saber para qué sigo.

Se me apagan de golpe las caricias

y se me acaba el tiempo si te olvido.

 

Me busco entre los hombres y parece

que ni siquiera acudo, que no existo.

Me voy para volver y apenas vuelvo

pues para qué volver si estoy perdido.

 

Parte de mí te espera y desespero

cuando la otra parte se desploma

como el amor lo hace en los recuerdos.

 

Y solo aguardo hallarme entre la sombra

más blanca y más antigua de mis versos.

Y en el mar al que adoro. Y en sus olas.

 

Si pudieras quererme como te quiero

Si pudiera entenderme y consiguiera

hacerte comprender lo que me ocurre.

Si vieras como yo lo que me aburre

llorarme y consolarme sin consuelo.

 

Si todo lo que soy se arrepintiera

de ser para no ser lo que transcurre

cuando me duelo tanto que hasta duelo.

Si por ser como tú… Si solo fuera

 

eso de ti que hace verdadero

y me vuelve ese ser que tanto imploro.

Si pudiera adentrarme en ti primero

 para reírme todo lo que lloro.

 

Si pudiera quererte como te quiero…

Si pudieras quererme como te adoro.

La perfecta empatía

Muérdeme  y despedázame, embiste

contra mi vida y si eso no te basta,

multiplica el dolor que nos desgasta.

Que soy lo que me hiciste.

 

No dudes en borrarme y convertirme

en lo que tú pretendes.

Que sí, que no me importa; o no lo entiendes,

que puedes destruirme.

 

Aparta de mi vista la deshora

que quiso enamorarte. Haz conmigo

lo que te venga en gana.

 

Que eres ama y señora

de mi mejor sentencia. Y yo, ya ni consigo

volver a ser la sal de mi desgana.